De lana, tela y otros hilos

Teje, y ¡que lo sepa todo el mundo!
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Durante mi infancia, uno de mis mayores hobbies era coser vestidos para mis muñecas. La "Nancy" era, sin duda, mi favorita.
Durante mi infancia, uno de mis mayores hobbies era coser vestidos para mis muñecas. La "Nancy" era, sin duda, mi favorita.

Durante mi infancia, uno de mis mayores hobbies era coser vestidos para mis muñecas. La “Nancy” era, sin duda, mi favorita.

Si tuviera que resumir mi infancia con una imagen, yo estaría sentada en la cocina de mi casa cosiendo vestidos para mis muñecas. Este fue mi juego favorito hasta bien entrada la adolescencia, y lo que convirtió a mi Nancy en la “itgirl” del mundo de las muñecas. La culpable de esta afición fue mi abuela. A ella le debo mi pasión por la calceta y la costura, y las muchas horas de paciencia y cariño que invirtió en iniciar a su impaciente y rebelde nieta en el arte de las agujas.

Pero el “made at home” perdía posiciones a ritmo acelerado, incapaz de competir contra el furor de las marcas o contra los diseños de pasarela que Zara puso al alcance de cualquier bolsillo. Los modelos “exclusivos” de mi costurera Ernestina y los jerseys de lana calcetados por mi madre pasaron al fondo del armario y me dejé arrastrar por el boom del pret-a-porter, las gangas de las rebajas y la diversidad de los tejidos acrílicos. Abandoné las agujas y dejé en un rincón a mi Nancy… pero afortunadamente nunca olvidé las enseñanzas de mi abuela. Y hace unos años retomé mi afición…

Ahora, en un mundo globalizado, en el que puedes comprar la misma camiseta de H&M o el mismo gorro de Benetton en Madrid, en Londres o en Santiago de Chile, la diferencia la ponen esas pequeñas (o grandes) cosas artesanales que incluso puede hacerse uno mismo. El “handmade” y el “DIY” (do it yourself, o háztelo tú mismo) vuelve a estar de moda, la lana retoma posiciones y las viejas máquinas de coser vuelven a dar puntadas con hilo.

Este blog va de eso, de las cosas que vuelven, de los viejos jerseys de la abuela, de aquellos vestidos exclusivos que nadie más tenía porque estaban hechos por y para nosotras, del placer de calcetar, de la satisfacción de las cosas hechas por uno mismo, de lana, de hilos, de telas, de crochet, de volver a los orígenes…

Y va también de homenajear a mi abuela, y a todas esas abuelas que nos enseñaron tantas cosas útiles. Cada vez que cojo una aguja, una parte de mi regresa a aquellas tardes de la infancia con ella.

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